jueves, febrero 15, 2007

‘Amor se llama el juego’

Texto publicado en la página "La Tramontana: periodismo y literatura" del periódico La Prensa de Monclova, Coahuila.

Desde el principio de los tiempos el amor ha ocupado un lugar privilegiado en la literatura: enamoramientos entre dioses y mortales, amores imposibles, clandestinos, prohibidos o dulces e incontrolables capaces de superar cualquier obstáculo. Monumentales libros se han escrito para definir este misteriosos sentimiento, desde El arte de amar, de Ovidio, hasta La llama doble, de Octavio Paz.

Así que, para ponernos ad hoc con el ambiente romántico que pinta de rojo todas las vitrinas de los supermercados, hemos decidido darle un espacio también en esta página.

Empezamos esta edición con una selección de libros románticos, contemporáneos, que sin duda pueden servir como regalo en estas fechas o para leer en cualquier época del año.


‘Pero siempre nos queda París’

Aunque Guía triste de Paris de Alfredo Bryce Echenique (Lima, Perú, 1939) no es precisamente un libro romántico, tiene cuentos que entran a la perfección en esta temática; claro, no se podría esperar menos teniendo como escenario la ciudad del amor por excelencia.

El mejor ejemplo es, sin duda, el cuento "Deep in a dream of you" con su "si tú no te despegas de mí, yo tampoco" o "¿Por qué hace años que no te espero y ahora te espero desde hace años y años?".

Historias de encuentros y despedidas como en el relato "Lola Beltrán in concert": "de regalo de separación, me pidió que le obsequiara un tocadiscos para seguir oyendo en Lima la misma música que oíamos en París, para acordarse siempre de mí cuando me olvidara".

Parejas dispares: "Se habían querido demasiado, parece ser, pero cada uno a su manera" (en el cuento "Chateau Claire").

Romances que la ciudad luz regala como despedida: "Nunca nos preguntamos nada, Géraldine Maillet y yo, y por ello sigo inclinándome a pensar que cada uno fue para el otro, como en un sueño" (en "Las porteras nuestras de cada día").

El libro nos regala melancólicos recuerdos que se escuchan como eco en las calles, en las latas pateadas en las calles, en los rincones habitados por peruanos y que el autor reconstruye para darnos noticias de un París, sorpresivamente triste: "Tuviste que ser tú, París canalla".

Alfredo Bryce Echenique, Guía triste de Paris. España, editorial Punto de Lectura, 2001.

Geografía mexicana y amor Visitando la República Mexicana, sus lugares ocultos, su interminable comida, sus paisajes, sus rincones melancólicos, Sara Sefchovich (México, 1949) en Demasiado Amor recorre de principio a fin también el amor: "Con él fui por la tierra y por el agua, con él conocí el cielo y el sol, la noche, la lluvia, la dicha…"

Utilizando el género epistolar, el personaje nos muestra cómo sin querer su vida se transforma y se divide: "Toda mi vida estaba suspendida en el amor a él, esa vigilia, esa espera de los fines de semana que era cuando me buscaba".

En estas páginas se vive a flor de piel un verdadero amor que "es imposible de soportar. Porque no se le puede permitir que se muestre indigno de los espléndidos sueños que se forjan para él. Porque no se le puede permitir que caiga en la rutina, en la costumbre".

Sara Sefchovich, Demasiado amor. México, editorial Planeta, 2000.

Un amor imposible en la China del Norte
El amante de Marguerite Duras (Saigón, 1914) es un libro imprescindible en esta colección, con su romanticismo, sensualidad y pasión hasta los codos, nos narra la historia en la que una niña se enamora de un hombre mucho mayor que ella, millonario y comprometido.

El chino y la niña viven una historia intensa y oculta en una pequeña casa en el centro de la ciudad, entre comerciantes y mercaderes:

"Se sonríen. Vuelve el deseo. Dejan de sonreírse. Él la vuelve a vestir. Y luego la mira una vez más. La mira. Ella, sí ella habita ya en el chino. La niña, sí la niña sabe eso…"

Lo que inicia con una relación pasional termina convirtiéndose en amor verdadero:

"Mucho tiempo ella le mira. Luego le dice que alguna vez él tendrá que contarle a su mujer todo lo que ha ocurrido, entre tú yo dice, entre su marido y la chica del colegio de Sadec. Todo, tendrá que contar, tanto la felicidad como el sufrimiento, tanto la desesperación como la alegría. Ella le dice: Para que sea una y otra vez contado por la gente, quienquiera que sea, para que el conjunto de la historia no sea olvidado…"

Marguerite Duras, El amante. México, editorial Tusquets, 1984.


Gabriel García Márquez y los "amores contrariados"
Si alguien es fascinante para iniciar un libro es García Márquez (Colombia, 1928) y la prueba no sólo es Cien años de soledad o Crónica de una muerte anunciada, en el inicio de este libro El amor en los tiempos del cólera nos resume todo lo que, sin saber, habremos de leer en el resto de la novela:

"Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados".

Si piensa que todos los amores terminan mal esta novela es una prueba para demostrar lo contrario: "Fermina Daza (…) salió al corredor con la esperanza de encontrarlo de un modo que pareciera casual, y no tuvo que andar mucho: Florentino Ariza estaba sentado en el corredor, callado y triste como en el parquecito de Los Evangelios, y preguntándose desde hacia más de dos horas cómo iba a hacer para verla".

Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera. España, editorial Narrativa Actual, 1993.


Amor en el Desierto del Sáhara

Al desplazarse de un lugar a otro no sólo se "puede contemplar la vida con mayor objetividad", también los sentimientos pueden transformarse y esta no es la excepción.

El cielo protector de Paul Bowles (Estados Unidos, 1911) es una historia de desencuentros, reencuentros y despedidas. De explorar y descubrir ciudades, emociones, sentimientos y donde el amor está en constante prueba:

"A veces pensaba que Port se refería a su propia esperanza, que únicamente si ella era capaz de llegar a ser como era él, él encontraría el camino de vuelta al amor, porque para Port amar significaba amarla a ella, a nadie más que a ella…"

Paul Bowles, El cielo protector. México, editorial Punto de Lectura, 2001.

viernes, diciembre 22, 2006

'El tren se llevó todo' (fragmento)


Paredón, ejido de Ramos Arizpe en Coahuila, fue quizá la población más afectada por la privatización del ferrocarril y la cancelación del tren de pasajeros, puesto que la economía de sus habitantes, además de la agricultura y la ganadería, estaba basada en el comercio y utilizaban este medio de transporte para ofrecer sus productos a otros municipios.

A la hora que pasaba el tren de pasajeros las señoras se apresuraban a ofrecer antojitos mexicanos: tacos, enchiladas, dulces típicos, refrescos, botanas. Los pasajeros estiraban los brazos desde la ventana para comprar comidas envueltas en papel estraza, los refrescos en vasos desechables, todo a precios muy accesibles.

“El pueblo vivía del ferrocarril, se vendía comida, se trabajaba en el ferrocarril. Cuando lo quitaron la gente no tuvo más remedio que irse a los ciudades”, comenta Alma Hernández, comerciante, quien ha pasado toda su vida en Paredón.

“Dicen que lo van a poner, pero ya perdimos la esperanza. Nos quitaron la principal fuente de empleo y el gobierno local nunca hizo nada”, añade su esposo, Agustín Rodríguez.

Los habitantes de Paredón hablan del ferrocarril con la nostalgia de quien recuerda mejores épocas. El viento chifla en cada rincón y ya no hay señoras, hombres o niños vendiendo a los pasajeros del tren dos veces al día. Desde hace años se dejó de escuchar el griterío de la gente: “¡Tacos, enchiladas! ¡cocas, chicharrones!”. Los colores que invadían la estación Paredón, han desaparecido, ahora este pueblo parece más desierto que nunca.

Ahora el huésped principal es el mar del desierto, esa tierra rojiza que al ser elevada por el viento hasta las ramas de los árboles, simulan el sonido de las olas del mar. A lo lejos podían apreciarse niños cabalgando entre esa polvareda roja, cegados por los remolinos y pese a eso avanzando seguros porque conocen el territorio, les pertenece.

La estación, quizá la más importante después de la de ciudad Frontera, Coahuila, está siendo reconstruida para montar un museo, pero esto nunca regresará a los habitantes aquello de los años perdidos, al contrario, les recordará en cada visita el tiempo en que todo estuvo mejor y cómo se le arrebató la estabilidad.

La alegría de este pueblo emblemático ya no es tan notoria y sus calles están pobladas por las miradas perdidas de ancianos que recuerdan los tiempos de trabajo en el ferrocarril. Ahora en torno a las vías sólo quedan ruinas de ferrocarriles y máquinas, trenes abandonados, pedazos de aluminio entre la hierba crecida, y un par de guardias siempre atentos, a la defensiva, resguardando un tesoro arrebatado.


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Después del record de visitas a mi blog, me pongo seria y publico un fragmento del proyecto en el que trabajo actualmente, ojalá les guste.