Recuerdas, abuelo, cuando me esperabas afuera de esa puerta roja, en el 317. Yo tenía cuatro años, corría apresurada desde la esquina y te veía ahí, detrás de ese barandal escarlata, sentado en tu vieja silla de madera. Yo te enseñaba mi muñeca favorita, repetía muchas veces su nombre y tú sonreías. Yo, en un reflejo extraño, siempre que veía tus pies descubría una nueva herida. Me explicabas que te habías cortado con una rama, mientras labrabas la tierra. Corría aterrorizada, buscaba gasas y alcohol, te curaba torpemente porque no soportaba verte herido. Tú te limitabas a mirarme, no hablabas, volvías a sonreír. Yo me esmeraba en dejarte limpios esos dedos ásperos que se asomaban por los huaraches que tú mismo hacías. Luego volvía a tu regazo, tomaba mi muñeca y te preguntaba cosas que no sabías responder. Al fondo de la casa una voz venía de tu vieja radio y oíamos sin escuchar, "qué era eso de morir, por qué decían que una familia murió en un accidente", tú decías que era porque se habían ido a un lugar y que no iban a regresar. Yo no entendía nada, abuelo, y seguía peinando mi muñeca y te repetía otra vez su nombre. Cómo iba a saber yo que, años más tarde, tú me enseñarías lo que era la muerte, ese día de noviembre en que todos lloraban detrás del barandal rojo. Llegué corriendo, como siempre, y no estabas más en tu silla de madera. Ahora estabas acostado en una caja extraña. Te miraba y parecía que sonreías, pero tú ya no me mirabas más. Ese día te fuiste, abuelo, y ya no ibas a regresar. A veces vuelvo a esa casa, pero la puerta ahora está cerrada, ya no estás más detrás de ese barandal y a mi todavía me parece escuchar la radio al final del pasillo y tu paso lento y pausado y el sonido de tu bastón, pero son sólo ecos, abuelo, y alguien ha pintado un número en la pared "129 50 01" y un día de estos ya no podré volver, abuelo. Porque el día en que moriste no pude curar tus heridas, estabas intacto, la herida esta vez era interna, yo no podía curarla. Por qué te fuiste, abuelo, y dejas que esta casa se vaya contigo, al lugar ese, del que no van a volver...
(un texto del año pasado para a un libro de Puertas de Monclova que quien sabe dónde quedó)
domingo, octubre 12, 2008
Detrás de la puerta
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Etiquetas: Puertas
viernes, octubre 10, 2008
Túneles en Día siete
Muy contenta, entre otras cosas, por esto:
Gracias a todos los que contribuyeron para que sucediera y a los que me mandaron mensajitos porque saben lo importante que es para mi.
Esperen más noticias pronto…
Pd. Pueden checar el texto completo en www.diasiete.com.
Publicadas por Cyn a la/s 2:09 p.m. 3 comentarios
jueves, octubre 09, 2008
Apuntes
Reconocí alrededor de sus ojos las marcas de su infinita tristeza…
Publicadas por Cyn a la/s 12:38 p.m. 2 comentarios
Etiquetas: apuntes, intentos, Por el gusto de escribir
martes, septiembre 23, 2008
‘Nosotros, los de entonces’
Gioconda Belli
Era el mismo aniversario de esa vieja estación de radio. Era el mismo septiembre, la misma lluvia que recordamos tantas veces, incluso a destiempo.
Eran las mismas calles húmedas que cruzamos saltando después de un café. Era esa casa a la que siempre volvimos; la misma chamarra beige bajo la cual nos abrigamos, mientras la lluvia y la luz nos mojaban la cara.
Entonces éramos tú y yo y empezábamos a ser nosotros. Ya estábamos enamorados, ya sentíamos vibrar en la sangre ese amor desenfrenado que luego nos haría pedazos, a ti y a mi y, sobre todo, al nosotros que nunca entendimos.
Entonces nos mirábamos con toda la inocencia que se puede tener a los 18 años. Éramos estudiantes y tú me enseñabas a mirarte hasta por debajo de la lluvia.
Entonces era sábado y un taxi nos llevó a nuestro destino: hacer una promesa que no supimos cumplir.
Entonces tú eras la promesa, yo la esperanza. Yo estaba subida a un escalón y te abrazaba cuando dijiste las palabras que nos llevaron a la tumba, que nos obligaron a caminar tantas veces por esas calles, errantes, arrastrado un amor que no entendimos, que nos rebasó y nos empujó al abismo.
Entonces era septiembre y llovía, como hoy.
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Etiquetas: del baúl de los recuerdos, Por el gusto de escribir
lunes, septiembre 08, 2008
Otra vez el huracán...
A un año y medio. Circunstancias similares. Diferentes personajes. Me vuelvo a sentir así:
"Y tú frenando el vuelo, cerrando la puerta, porque otra vez las circunstancias, otra vez a destiempo, otra vez el destino, otra vez la vida. Y yo cerrando los ojos para no ver cómo te marchas… Y despertar al día siguiente y que una lágrima se escape sin querer e imaginar que no todo terminó, que algún día puede ser… y esperar y callar" (enero 2007).
Y también así:
"Silenciosamente deseaba que se cumplieran los sueños de la primera noche y fugarnos, perdernos en el mar o en la montaña; pero he aprendido esperar y si lo he hecho durante tanto tiempo puedo hacerlo ahora.
"Esperar el vuelo permanente, el fin de este ir y venir del cielo a la tierra, preparándome para vuelos futuros, para el vuelo constante, para el día en que no tenga que volver a pisar la tierra" (enero, 2007).
Publicadas por Cyn a la/s 6:50 a.m. 3 comentarios
domingo, septiembre 07, 2008
Publicadas por Cyn a la/s 10:14 p.m. 1 comentarios
Etiquetas: intentos
jueves, septiembre 04, 2008
De esos poemas
Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
-pues no uno sabe bailar, y es triste-:
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos:
para los que saben con amargura
que de la mujer que quieran les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;
para los que fueron invitados
una vez; aquellos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta,
ya mucho después de entrados todos,
supieron que no se cumpliría
la cita y volvieron despreciándose;
para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
o vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;
para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen:
para los que sufren a conciencia
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme:
para los que están armados, escribo.
Publicadas por Cyn a la/s 3:38 p.m. 5 comentarios
Etiquetas: Ecos
lunes, septiembre 01, 2008
Nota al texto anterior
Anda, sabes que tengo pésima condición, todavía me puedes alcanzar...
Publicadas por Cyn a la/s 3:29 p.m. 6 comentarios
Etiquetas: intentos