domingo, enero 24, 2010

Silencio

(despuès de mucho tiempo, aquí un primer intento)


Silencio, quiero silencio. Que la música, las risas y las voces callen. Que la ciudad, la casa y las habitaciones se apaguen. Que las voces de los hombres de mi pasado guarden, por fin, silencio. Que nadie opine nada ni grite ni refute, que enmudezcan, que guarden silencio.

Quiero silencio. Silencio para escuchar el sonido del aire y sus caricias, para escuchar al polvo esparciéndose por todos los rincones. Quiero silencio para reencontrarme con el aleteo de las mariposas, para escuchar al desierto y a sus viajeros. Quiero escuchar otra vez a las rodadoras rasguñando el suelo. Quiero silencio, sólo un poco de silencio.

Silencio para distinguir su voz de las multitudes y seguirla. Quiero que todos los pasos aguarden para poder reconocer el ritmo de sus pisadas, que el mundo guarde silencio para distinguir el jadeo de su respiración, para reconocer su parpadeo de entre todas las miradas.

Quiero silencio para escuchar sus palabras, las que habrá inventado para mí. Silencio para reconocerlo, para distinguir su melodía.

Quiero silencio, sólo un poco de silencio para limpiar los sentidos y encontrarme con él.

viernes, abril 17, 2009

Noche de jueves

Imitando a Girondo
Escucharte, mirarte, descubrirte.
Sonreírte, hablarte, coquetearte.
Mostrarte, compartirte, acompañarte.
Estudiarte, buscarte, provocarte.
Explorarte, tentarte, convencerte.
Evadirte, tocarte, contagiarte.
Alumbrarte, encenderte, calcinarte.
Derretirte, absorberte, desgarrarte.
Apretarte, consumirte, enloquecerte.
Oponerte, callarte, despedirte.
Rehuirte, perderte y olvidarte.

lunes, marzo 30, 2009

Cosas que quiero (2)


Quiero ir a Xalapa, caminar por sus calles hasta cansarme, subir de un solo golpe hasta el último escalón. Por la noche pasear en moto (recorrer la ciudad, el aire en la cara). Levantarme temprano para instalarme en ese cafecito del Callejón del diamante (mirar los ojos de la gente) o en el último piso de la librería (ver la ciudad sumergida). Ir una y otra vez a enfrentarme a la gran cabeza Olmeca y descubrirme en una de sus partículas. Recoger hojas húmedas de la calle y dejarlas presas en las páginas de un libro. No hablar con nadie, pero tener con quien hablar. Respirar, sentir y oler sus noches, sentarme en una banca a esperar que se oculte el sol. Escuchar música en silencio y escribir, que las palabras fluyan como la lluvia (lento, constante).

Cosas que quiero (1)

"Por qué, tanto perderse
tanto buscarse, sin encontrarse"
Quiero llegar a casa y encontrar un silencio absoluto. Escuchar el sonido de mi pez que mueve sus piedras. Quiero un sillón para las visitas y mi propio refrigerador. Quiero quedarme dormida y que su aliento (el de él) me despierte. Quiero ir al super pensando qué sí y qué no comprar (por su dieta y sus manías). Quiero iniciar el día con el olor a jabón de su piel. Despedirme de él en la puerta del trabajo y verlo como se aleja en su burbuja azul. Quiero ir al cine tres veces por semana, que nuestros gustos sean extremos y divertirnos de todas formas.  Quiero añorar el fin de semana para desaparecer en una pequeña casa al norte de la ciudad. Quiero ver películas y quedarnos dormidos. Quiero empezar a ver una película y terminar haciendo el amor. Quiero despertar y reconocer su cama y quiero voltear a mi lado derecho y reconocerlo a él y sonreír porque nunca me sentí tan feliz, tan plena. Quiero tener una mascota, cuidarlo entre los dos. Quiero que la noche de las velas se repita una y otra vez hasta el infinito. Quiero cuidar su piel rojita después de un día de sol. Quiero mirarlo de frente y hablarle de mis libros, mis manías, mis sueños de escritora y que diga siempre que soy la mejor. Quiero que me mire siempre, a la hora de la comida, en la oscuridad del cine, al hacer el amor, detrás de una cascada, en el mar que nunca vimos juntos, en medio de una pirámide, en el desierto, en la soledad de un pueblo cercano, en la oscuridad, en su carro, en su trabajo, en el mío, con mis amigos, con los suyos, en Saltillo, en Villahermosa, en Chiapas, en General Cepeda, en Monterrey, en Paredón... Quiero escucharlo decir que me quiere una y otra vez. Quiero que me encuentre en medio de uno de mis eventos o que me espere mientras yo termino una entrevista. Quiero que conozca mi casa nueva. Quiero ver llegar su coche azul, quiero que se siente a tomar café junto a mí en la terraza. Quiero que mi espacio sea el mismo que él habita. Quiero que no existan distancias ni dudas. Quiero que desaparezcan los miedos. Quiero que mí/su/nuestra historia sea otra vez.

lunes, marzo 23, 2009

365 días atrás...

"¿Por qué decidiste permanecer pobre dejándome a mi tan rico?"
Para C, a un año 

Hace un año tu sonrisa me encontró en el segundo piso de un restaurante. Yo no tomé café, tú no cenaste. La charla fue como de dos personas que se reconocían: "A mí me gusta esto...", "Yo prefiero aquello..."

Vi tu sonrisa oculta detrás de los dedos de tu mano derecha (acción una y mil veces repetida después) y entonces supe que no había vuelta de hoja.

Y la historia empezó a escribirse. Me dejaste habitar cada centímetro de tu vida. Te mostré mi mundo. Me invitaste al tuyo. Y nos enamoramos de esa mezcla (utópica, irrepetible) que formaba esa extraña combinación.

Recorrimos calles y paisajes juntos, visitamos lugares sin movernos de tu cama. Nos miramos y nos besamos como si realmente no hubiera día después. Nos amamos e hicimos el amor como si fuera la última vez.

Creímos realmente que sería posible, hasta que de pronto la historia se partió en dos frente a nosotros. Un abismo de cientos de kilómetros se abrió entre los dos. No supimos si los puentes eran insuficientes o éramos nosotros los que nunca los quisimos cruzar.

Y después de darnos tanto, sólo nos quedaron cientos de palabras amontonadas en la punta de la lengua, las marcas de las uñas enterradas en la espalda, las fotos extraviadas de un viaje que ya no sé si existió...

martes, febrero 24, 2009

Tú

Al final siempre eres tú. Tú rostro detrás de mi hombro en el espejo. Tus palabras que no quiero escuchar. Tú cruzando -no sé cómo- todas las vidas para llegar otra vez hasta mí. Al final eres tú siempre. Tu sangre corriendo a todo galope, contagiándome, desgarrándome. Siempre tú entre-debajo-detrás de mis palabras. Tú y esa lluvia de gemidos. Tú y mis uñas que se entierran en tu espalda, siguiendo los caminos que marcaron desde siempre, al principio de cualquier historia. Tú y el deseo. Tú llevándome por ese túnel sin salida. Tú y el hueco en tu boca. Tú y esas palabras prohíbas que susurras en mi oído. Tú con todos tus secretos.
Al final eres tú llevándome por todos los caminos del deseo, reventándome las venas, ahogándome en todos los mares. Tú rompiendo los hilos que me atan al mundo. Tú aniquilando la cordura. Tú volviéndome ceniza. Siempre tú detrás de todo. Tú en todos los rincones de todas las ciudades, en los nombres de todas las cosas. Siempre eres tú -ausente, silencioso- el final de todas mis historias.



martes, febrero 03, 2009

Cuarto de siglo

Cumplí 25 años en medio de un huracán, una vorágine de dos días: Intensos, eufóricos, vivos, felices, de gritos y abrazos, aire puro, desierto y ruido de trenes en las venas.

Después la calma, despertar al día siguiente y encontrarme a la gente que quiero (en un mensaje o con su presencia), de recordar (sin demasiada tristeza) a los que ya no hablaron; de sentirme feliz y completa con los que se quedaron.

Y luego unas ganas inmensas de silencio y de calma. Apagar la música, guardar los tragos y que la gente se vaya de casa.

En eso estoy...

Me quedo con esta frase que leí hace mucho en un libro de Kundera:


“La belleza para poder ser apreciada necesita de una cierta proporción mínima de silencio”

sábado, enero 10, 2009

Confesiones cotidianas

7:30 Despierto todavía con el estremecimiento de la noticia de ayer. No me quiero levantar, me quedo un rato más en cama y dormito.

8:00 Es tarde. Tengo un desayuno de trabajo. Lo olvidé. Un baño rápido y subo al carro casi corriendo.

8:40 Aprovecho el semáforo para maquillarme un poco (mi papá odia que haga eso). Avanzo sin pensar. No pongo música, dejo las noticias pero no escucho nada.

9:00 Desayuno. Platicas aquí y allá, algunas risas. El jefe habla y no recuerdo lo que dijo.

10:30 Hay que ir a la imprenta a dejar la nueva revista. Camino con mi amigo, el guitarrista, hablamos y hablamos. En la imprenta: volver más tarde.

11:00 Es temprano, puedo aprovechar para ir rápido al super. También hay que comer.

11:40 Llego al periódico. Los saludos de rutina. Abro las páginas de siempre. Mi correo, aunque nunca hay novedades. Pongo música. Qué lento está el Internet. Paso la vista por la página... veo su nombre, después de tanto. Su nombre. Dudo un poco, abro el correo, mis ojos se deslizan por las letras. Me quedo pasmada. Me quito los lentes. Me froto los ojos. Saco un cigarro y tiemblo. Salgo apresurada de ahí. Era la carta "donde el olvido me nombra su heredera", la carta que esperar sin hacerlo, que dice nada, unas cuantas palabras para calmar la culpa. Habla de recuerdos que no se van a borrar, de disculpas. De amor nada, esa palabra se esfumó hace meses.

12:00 Hablo con Jesé y me calmo un poco. Trato de no pensar, leo y releo el correo, es todo y nada. El día transcurre rápido y yo me hundo en el trabajo como siempre.

5:00 Salgo por fin. Llego a casa de mis padres, lo busco en la computadora sin querer.

5:30 Salimos rápido de casa. Mi hermano maneja. Se descompone el coche y yo trato de mantener la calma. Regreso a casa en taxi y el chofer me habla de esperanza, de ponerle la mejor cara a la vida y yo no digo nada aunque me siento un poco iluminada. Esas cosas suelen pasarme a mi.

7:00 Llego a casa. No hay nadie, es normal. Pongo música, prendo un cigarro y me recuesto en la cama. Mis pensamientos saltan de un lado a otro. La noticia de ayer. El correo de hoy. Luego llega su imagen, más clara que nunca (porque hace días que no lo sueño). Lo veo y me veo a mí. Veo como me abraza por la espalada y me besa. Mi piel se estremece. Por más que intento no pienso en otra cosa. Me abraza en todos los lugares, en la cascada, en su habitación, en la calle, en ciudades desconocidas. Me abraza en todos los tiempos. Vuelvo a sentir aquel bienestar ("la esperanza que me dio tu amor", escucho).

8:00 Llega mi roomie. Le cuento. "No sé que decirte", ni yo sé qué decirme. No logro entender las cosas y pienso que algo bueno sigue, que son formas de cerrar mis círculos (yo y mi filosofía barata). Abro una botella de tinto y me sirvo una copa.

8:30 Ordeno un poco mi recámara. No quiero pensar. Ahora escribo y sigo sin entender. Cierro los ojos. Fumo. Quiero que el tiempo transcurra rápido y decir -como siempre- "Fue bueno que pasara porque eso me enseñó que..." Pero hoy no puedo. No lo entiendo y me duele.

9:30 Me preparo para dormir. Tengo la certeza de que mañana se irá rápido y los días que le siguen. Haré cosas. Presentaré la revista. Me iré de viaje en mi cumpleaños y tal vez siga sin entender, hasta que un día alguien llegue de súbito y traiga de vuelta la esperanza. El pasado ya no va importar y yo podré decir "Que bueno que pasó aquello porque todos esos caminos me trajeron hasta ti".

5 de enero

martes, diciembre 30, 2008

Recuento 2008: saldo positivo

Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Juan Gelman

Esto de hacer balances y recuentos era antes una actividad casi de autotortura, pero desde hace un par de años se convirtió (como debe ser) en un momento de reflexión y de regocijo. Sobre todo porque me doy cuenta de mi crecimiento personal, de que todas las personas y los acontecimientos traen siempre consigo un gran aprendizaje.

Este año fue particularmente extraño y bueno. Hubo de todo: logros, romance, nuevos amigos, temblores, viajes, trabajo, reconciliaciones y despedidas.

Muchos proyectos encontraron en el 2008 su consolidación, sobre todo en lo laboral, y otros tantos serán heredados al año que está por comenzar.

Me quedo con muchas cosas que me dan fortalece para lo que viene, por ejemplo:

-Los recuerdos de un amor que no terminó bien, pero "fue bueno mientras duró".

-Con la amistad de APV un hombre al que admiro y quiero muchísimo.

-La certeza de que las personas no se van definitivamente, siempre queda algo por lo cual regresar.

-Que la vida está hecha de ciclos que tarde o temprano se cierran.

-La honestidad, un valor fundamental para cualquier tipo de relación.

-Este año me dejó muy buenas nuevas amistades, pero también me confirmó la importancia de ciertas personas que siempre han estado ahí. Su presencia en mi vida me ha salvado de más de un desconsuelo.

-Que lo mejor de una relación que termina es la satisfacción de haberlo dado todo, sin miedo y sin reservas.

-Que las alas a veces son sobrepuestas y no es difícil irnos con la finta de que alguien realmente sabe volar.

-Que todas las cosas llegan a su tiempo. Vivir sola y compartir esa experiencia con tres grandes personas me ha obligado a crecer en todos los sentidos.

-Que muchas de las cosas llegan de súbito, pero cuando son parte de un proceso te permite ir valorando cada paso (y no hacer tantas locuras).

-Siempre hay pretextos para viajar y cada lugar deja un aprendizaje. Xalapa, Villahermosa y Ciudad Juárez fueron los viajes de este año. En Xalapa cerré un círculo, en Tabasco viví una historia de amor y en Juárez descubrí el miedo.

-En los asuntos familiares, nada como ser un testigo con voto de calidad.

Entre tantas cosas también fue un año de altos vuelos, de crecimiento, de autoconocimiento, de retos, descubrimientos, de amor propio. Hoy, en el umbral del fin de año, espero el 2009 de frente, sin ocultarme detrás de nada, sin melodramas, sin estarme doliendo de ninguna herida. Espero el próximo año con una sonrisa, con toda las ganas y con toda la esperanza de que si el 2008 fue bueno, el que vine será mejor.

jueves, octubre 09, 2008

Apuntes

Reconocí alrededor de sus ojos las marcas de su infinita tristeza…

martes, septiembre 23, 2008

‘Nosotros, los de entonces’

“Nadie puede predecir el pasado
cuando ya quizás no somos los mismos,
cuando ya quizás hemos olvidado
el nombre de la calle
donde
alguna vez
pudimos
encontrarnos.”
Gioconda Belli

Era el mismo aniversario de esa vieja estación de radio. Era el mismo septiembre, la misma lluvia que recordamos tantas veces, incluso a destiempo.

Eran las mismas calles húmedas que cruzamos saltando después de un café. Era esa casa a la que siempre volvimos; la misma chamarra beige bajo la cual nos abrigamos, mientras la lluvia y la luz nos mojaban la cara.

Entonces éramos tú y yo y empezábamos a ser nosotros. Ya estábamos enamorados, ya sentíamos vibrar en la sangre ese amor desenfrenado que luego nos haría pedazos, a ti y a mi y, sobre todo, al nosotros que nunca entendimos.

Entonces nos mirábamos con toda la inocencia que se puede tener a los 18 años. Éramos estudiantes y tú me enseñabas a mirarte hasta por debajo de la lluvia.

Entonces era sábado y un taxi nos llevó a nuestro destino: hacer una promesa que no supimos cumplir.

Entonces tú eras la promesa, yo la esperanza. Yo estaba subida a un escalón y te abrazaba cuando dijiste las palabras que nos llevaron a la tumba, que nos obligaron a caminar tantas veces por esas calles, errantes, arrastrado un amor que no entendimos, que nos rebasó y nos empujó al abismo.

Entonces era septiembre y llovía, como hoy.

domingo, agosto 03, 2008

Notitas cursis de la palabra con “E” (cuarta parte, ¡al fin!)

Para Chris, como siempre


I

… y cuando yo me de por vencida
recuérdame que hay promesas que se pueden cumplir.

II

Ahora hay un nuevo centro que conecta el norte con el sur.

III

Oye, lánzate de una vez hacia el
abismo

lunes, mayo 05, 2008

Notitas cursis sobre la palabra con E (tercera parte)

Para Christian,
así, con todas sus letras

I
Que alguien corte los hilos invisibles que manejan mi vida de títere, que alguien los corte porque se empeñan en dejar inconclusas todas mis historias... Que alguien me diga dónde está la pieza que falta en mi rompecabezas, porque la he buscado en todos lados y he recorrido todos los caminos sin encontrarla.
II
Cambio todas mis historias por una sola, la más bella, la más buena, la verdadera.
Cambio todos mis pasados y todos mis futuros por su presente.
La vida a cambio de verme caminar --aunque sea por última vez-- por ese puente.
Cambio todos los labios por su beso, todos los sueños por un presente verdadero.
Cambio todos mis desierto por la arena de su mar, todos las palabras por las nueve letras de su nombre, todas las manos por su mano en la mía.
Cambio todos mis finales... por uno solo de sus principios.

viernes, mayo 02, 2008

¿Discernir?


Que si soy periodista, que si soy escritora... quién sabe. Finalmente, todo se resume en una acción: contar historias.

domingo, abril 27, 2008

Notitas cursis sobre la palabra con E (Parte dos)

I
Entre la arena de mi desierto y la arena de tu mar, ya no sabemos cuál es cuál.
II
Vaya manera de reconocer los límites y aferrarse tiernamente a las líneas divisorias.
III
Mis mariposas andan vueltas locas: vuelan alrededor de mí, en mi habitación (y en la otra), en las calles, entre la lluvia, en el hospital y en el café. Siguen mis pasos, dejan su rastro por todas partes, van y vienen, suben, bajan, saltan de un lado a otro eufóricas. Se meten entre mis palabras, en los huecos, ocupan los silencios, los espacios en blanco. Y de revolotear tanto entorno a él, se han llenado de su aroma.
IV
Llegaste anunciando la lluvia del verano: "dejándote caer despacio y luego en aguacero" (Gioconda Belli)
V
Hoy ya no soy el puente, hoy soy yo la que lo cruza...
VI
'Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar...' (Julio Cortázar)

jueves, abril 24, 2008

Texto con dedicatoria

Para G, en estos días

Si hay una persona que sabe volar, sin y con rumbo, con alas o sin ellas, es G. En sus ojos (ojos de los antiguos abuelos) conocí la libertad, la ligereza de los pies y la fuerza de las alas.
Llegaba a la oficina en la que, en ese entonces, trabajaba. Se sentaba en cuclillas, ponía sus manos sobre el escritorio, y sobre éstas la barbilla, me miraba fijamente con esos ojos llenos de brillo, me escuchaba atentamente, cualquier cosa ameritaba toda su atención, mientras, dentro de su cabeza, saltaban por todos lados miles de preguntas a las que inmediatamente les daba una respuesta y luego soltaba unas cuentas frases atinadas, acordes, mientras me escuchaba.
Después nos hicimos cómplices y él me miraba de lejos, siempre con brillo, mientras un buen amigo leí versos de Pessoa en portugués o cuando yo seleccionaba algunas canciones de Silvio de fondo, mientras comíamos.
En esas oficinas ideamos miles de planes, nos cargamos de fuerzas para iniciar una lucha que nunca termina. Escuchamos pláticas de adultos borrachos y atravesamos las noches del centro, siempre volando.
Volamos en las calles del DF. Volamos entre la euforia de la gente. Sentados fuera de Bellas Artes, mientras platicamos -volando- con esa niña, Perla, que volando iba de un lado a otro tratando de vender sus rosas. Volando cruzamos el Zócalo y volamos alto en el camino de regreso. Volamos viendo el amanecer y nos dejamos caer al precipicio "con la seguridad de que nunca caeríamos al suelo".
Volamos en las charlas de madrugada, volando nos hicimos compañía. Volando siempre estuvimos cerca. Volando escribimos. Volando tomamos café. Volando, siempre volando...

lunes, abril 14, 2008

Hoy quiero decir(te)...

Me dice un amigo que cuando se está feliz no dan ganas de escribir porque nos dedicamos a vivir esa felicidad y no a intentar explicarla, como se hace con el dolor, quizá, o con la soledad. Y pues yo estoy aquí, tratando de romper con esa maldición...


Pd. medio remodelada, pero con eufórico impulso por escribir... Es que otra vez no pude esperar.


Hoy quiero decir(te)...


Para CC, otra vez

Hoy tengo una extraña necesidad de decirte que estos días contigo, pese a los pronósticos --¿cómo me gusta decir esa frase, verdad?--, son una confirmación de que nunca sabremos cómo ni quién ni cuándo ni dónde. Tu presencia en mi vida la vuelve tan mágica, tan fuera de ciertos alcances, tan impredecible. Una historia en la que cambia la trama a la vuelta de cualquier página.


Hoy quiero decirte que me da las herramientas para afirmar que todo pasa, que todo fluye, que quienes me lo repitieron tantas veces tenían razón. Que hoy tú llenas mi vida de tranquilidad y de calma, que las cosas se ven distintas por todos lados: encuentro, entre el cielo y la tierra, la altura perfecta a la que puedo volar. Me has ayudado a entender que el pasado pertenece a alguien que ya no existe, que puedo ser la yo que siempre quise ser. Me has enseñado a reutilizar los sentidos: olor, tocar, oír de modo distinto; a volar con los pies, a sentir la música hasta por los poros, a bailar en plena calle, sin pudor.


De qué extraño mundo saliste, quién está detrás. Cómo apareciste en el momento justo, el día preciso, con las palabras exactas que necesitaba escuchar. Dime de dónde salieron tus besos, quién los construyó para mí, cómo es que en tus ojos veo tanta esperanza. Dime a dónde fue a parar el miedo, qué hiciste con él, lo guardaste acaso debajo de tu abrazo, lo deshiciste con tus manos tan echas para las caricias. Por qué buscando el amanecer di contigo, cómo es que me haces sentir tan yo, tan completa, perfectible, pero con nuevos ánimos para recorrer todos los caminos y alcanzar todas las metas.



Sólo me queda pedirte que no dejes de susurrarme al odio ni de sorprenderme con una caricia ni de abrazarme tan fuerte ni recordarme todos los días lo lindo que resulta, otra vez, aprender a volar...

domingo, abril 13, 2008

Paréntesis

Resulta que mi remodelación todavía no está lista, pero no podía dejar pasar un día más sin publicar este texto. Aquí se los dejo. Se respiran nuevos y bellos aires por acá...

Después de la tormenta...

Para CC
Que bien se siente la espera cuando la ausencia no significa engaño. Que bien se sienten las cosas buenas: descaradamente auténticas, irremediablemente ciertas; las miradas que ya no son de despedida.

Que bien se siente cambiar la compañía por la soledad y luego viceversa, tener la piel tersa para las caricias, los labios limpios para los besos, las manos llenas de cosas que compartir, los brazos fuertes para estrechar otro cuerpo.

Los tatuajes son pretextos para nuevas caricias. Los ojos ya no se cierran, ahora
miran y hablan. Ahora tengo mensajes que me despiertan de las pesadillas, motivos para sonreír a la mitad de la fila del banco, un interlocutor con quien soñar, un compañero de viajes, un deseo renovado por conquistar el desierto, por definirlo, por pararme en medio de él gritando y que los viejos recuerdos se estrellen en las montañas, que se desangren entre las plantas con espinas.

Hoy mis mariposas aletean de un lado otro, se expanden en todos los lugares: un coche, una casa, un pueblo al sur de la ciudad. Vuelan y acarician y se dejan abrazar y respiran nuevos perfumes y se hunden en una mirada y dejan que pase el tiempo y que el reloj se detenga y que siempre sean las nueva y media...

El miedo se disipa poco a poco, lo vamos dejando detrás de nuestro caminar pausado, lo callamos con nuestras pláticas, lo exprimimos entre nuestro abrazo, lo perdemos de vista cuando vemos, a lo lejos, las luces de una nueva ciudad.

lunes, marzo 24, 2008

Mis recuerdos son vagabundos (iii)

Me gusta mucho viajar al pasado, me gusta reconstruir cada ambiente, cada paisaje, las sensaciones, los olores. A veces me parece increíble cómo puedo tener tan claros algunos recuerdos de mi infancia, tal vez por eso, porque los he repasado una y otra vez. A veces leo ciertos textos, recuerdo las sensaciones, recuerdo lo que pasaba por mi mente y lo que no escribí. A veces, a través de los trazos toscos siento toda la desesperación, el coraje o la impotencia y la tranquilidad de una redacción pausada y suave.

Ayer --debo confesarlo-- me dio por reconstruir ciertas cosas, por explicar ciertos huecos de mi historia y aunque sí, algunas cosas fueron algo difíciles, confieso que he salido conforme y bien librada. Me siento contenta al descubrir que jamás perdí la esperanza, que cuando más oscuro parecía el paisaje siempre aparecía una lucecita a la que podía aferrarme y salir. Pude sentir mi transformación y que todo lo que ha pasado no ha sido en vano, que no fue un sueño del que de pronto desperté, no, sé que todo fue un proceso y lo que soy ahora lo he ido construyendo poco a poco. Ahora sé cómo se formaron poco a poco mis alas, pero también la altura a la que pueden volar...

miércoles, marzo 19, 2008

Del baúl de los recuerdos

Este texto lo escribí por octubre del año pasado, lo tenía en un blog secreto que utilizaba para exorcizar mis demonios, hoy lo encontré y me gustó como para sacarlo del olvido y ponerlo aquí con algunas modificaciones:

¿Alguien recuerda dónde empezó todo?

Empezó quizá en el encuentro en la infoteca con un chico delgado y de pelo chino, que se tuvo que ir corriendo porque tenía examen, o antes, cuando un amigo suyo nos presentó, o después cuando el pay de limón y la canción ("corazón, corazón en fuga") sonando toda la noche...


O tal vez cuando, recién llegué a Saltillo y me metía toda la tarde en la biblioteca de la Alameda, leía la revista de la Universidad de México, luego regresaba a casa sola, caminando y me encerraba en mi cuarto para tratar de entender aquel mundo se me iba mostrando lentamente.


Quizá cuando veía en el librero de mi papá un libro que me aterraba, llamado "Metamorfosis".


Tal vez cuando me encerraba en mi cuarto leyendo historias de niños gringos que venían en los Libros Selectos (de Selecciones) de mi papá.


O inició cuando las cronopias y yo leímos "Demian" y teníamos discusiones al respecto, sobre el mundo que se rompía, sobre el que empezábamos a construir.


Quizá fue en esa calle del centro, la mirada de un chico cruzando varias veces con la mía. Tal vez fue esa noche en el parque, mientras él me cantaba esa canción --"mariposas, mariposas, que emergieron de lo oscuro"--, cuando poco a poco la fui desmenuzando hasta hacerla tan mía, que ahora llevo dos mariposas en la espalda.


Tal vez fue cuando, asomada por la ventana de un segundo piso, veía a una mariposa volar sobre la basura y sentirme así, igualito...


No, quizá fue antes. Tal vez fue mientras miraba en el desierto el primer amanecer.