martes, febrero 10, 2009

'tanto imposible amor inexpresable'

Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;
Que se pierda
Tanto increíble amor.
Que nada quede, amigos,
De esos mares de amor,
De estas verduras pobres de las eras
Que las vacas devoran
Lamiendo el otro lado del césped,
Lanzando a nuestros pastos
Las manadas de hidras y langostas
En sus lenguas calientes.
Como si el verde pasto celestial,
El mismo océano, salado como arenque,
Hirvieran.
Que tanto y tanto amor
Y tanto vuelo entre unos cuerpos
Al abordaje apenas de su lecho, se desplome.
Que una sola munición de estaño luminoso,
Una bala pequeña,
Un perdigón inocuo para un pato,
Derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas
Y desgrarre el cielo con sus plumas.
Que el oro mismo estalle sin motivo.
Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa
Se destroce.
Que tanto y tanto, una vez más, y tanto,
Tanto imposible amor inexpresable,
Nos vuelva tontos, monos sin sentido.
Que tanto amor queme sus naves
Antes de llegar a tierra.
Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,
Niños, animales domésticos, señores,
Lo que duele.
Amor
Aman los puercos.
No puede haber más excelente prueba
De que el amor
No es cosa tan extraordinaria.
Monelle
También la pobre puta sueña.
La más infame y sucia
Y rota y necia y torpe,
Hinchada, renga y sorda puta,
Sueña.
Pero escuchen esto,
Autores,
Bardos suicidas
Del diecinueve atroz,
Del veinte y de sus asesinos:
Sólo sabe soñar
Al tiempo mismo
De corromperse.
Ésa es la clave.
Ésa es la lección.
He ahí el camino para todos:
Soñar y corromperse a una.
No sirve de otro modo
No importa que sea falso:
Cuando tú quieras verme unos minutos
Vive conmigo para siempre.
Cuando simplemente quieras
Hacer bien el amor
Entrégate a mi cuerpo
Como si fuera el tuyo
Desde el principio.
De otro modo, no sirve:
Sería como prostituirse
El uno con el otro;
Haríamos de todo esto
Un gratuito burdel de dos personas.

Eduardo Lizalde

martes, diciembre 02, 2008

Blues

Más sal a la herida. Aquí un poeta de Villahermosa ¿casualidad? No, total premeditación, alevosía y ventaja...

Blues

No era necesaria una nueva acometida de la soledad
para que lo supiera.
Navegaba la mar por un rumbo desconocido para mis manos.
Donde el amor moró y tuvo reino
queda ya sólo un muro que avasalla la hierba.
Queda una hoja de papel no en blanco
donde está anocheciendo.
Donde goteaba luceros una noche
sobre unos hombros limpios como verdad mostrada,
sólo queda una brisa sin destino.
Donde una mujer fundara un beso,
sólo árboles postrados al invierno.

Y no era necesario decirlo.
El corazón sin que sea una lágrima
puede sombrear las mejillas.

La ventana da a la tristeza.
Apoyo los codos en el pasado y, sin mirar, tu ausencia
me penetra en el pecho para lamer mi corazón.

El aire es una mano que está hojeando mi frente.
Mi frente donde la luna es una inscripción,
una voz esculpiendo su olvido.

Como humo la luna se levanta
de entre las ruinas del atardecer.
Es muy temprano en ese azul sin rostro.
No era necesario enturbiar la soledad
con el polvo de un beso disuelto.
No era necesariomemorizar la noche en una lágrima.

Labios sobrecogidos de olvido,
pulsaciones de un oleaje de mar ya retirándose,
ruido de nobes que el otoño piensa.

Hay lápices en forma de tiempo, vasos de agua
donde el anochecer flota en silencio.
Hay una rama de árbol como un brazo esculpido
por algún abandono.

Hay miradas y cartas donde la noche
puso en marcha al vacío,
a las frentes que extinguen su remoto color
sobre letras que enlazan señales de viaje.

Aquí está la tarde.
Puede enrolarse en ella quien esté enamorado.
Aquí está la tarde para designar una ausencia.

Suena en mi pecho el mundo
como un árbol ganado por el viento.

No era necesaria la tarde, tampoco este cigarro cuyo humo
puede ser otra mano evaporándose.

Invernará la noche en mi pecho.
No era necesario saberlo.
No tiene importancia.
Espero una carta todavía no escrita
donde el olvido me nombre su heredero.

José Carlos Becerra

jueves, septiembre 04, 2008

De esos poemas

Hay tres poemas que siempre se cruzan por mi camino en el momento justo, como si me estuvieran esperando.
Este que pego abajo -de don Rubén Bonifaz Nuño- es uno de ellos, no me lo puedo quitar de la cabeza desde hace días. Los otros dos: "Walking Around" de Pablo Neruda y "La canción de Amor de J. Alfred Prufrock" de T.S. Eliot.


Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
-pues no uno sabe bailar, y es triste-:
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos:
para los que saben con amargura
que de la mujer que quieran les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;
para los que fueron invitados
una vez; aquellos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta,
ya mucho después de entrados todos,
supieron que no se cumpliría
la cita y volvieron despreciándose;
para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
o vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;
para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen:
para los que sufren a conciencia
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme:
para los que están armados, escribo.

miércoles, marzo 19, 2008

Del baúl de los recuerdos

Este texto lo escribí por octubre del año pasado, lo tenía en un blog secreto que utilizaba para exorcizar mis demonios, hoy lo encontré y me gustó como para sacarlo del olvido y ponerlo aquí con algunas modificaciones:

¿Alguien recuerda dónde empezó todo?

Empezó quizá en el encuentro en la infoteca con un chico delgado y de pelo chino, que se tuvo que ir corriendo porque tenía examen, o antes, cuando un amigo suyo nos presentó, o después cuando el pay de limón y la canción ("corazón, corazón en fuga") sonando toda la noche...


O tal vez cuando, recién llegué a Saltillo y me metía toda la tarde en la biblioteca de la Alameda, leía la revista de la Universidad de México, luego regresaba a casa sola, caminando y me encerraba en mi cuarto para tratar de entender aquel mundo se me iba mostrando lentamente.


Quizá cuando veía en el librero de mi papá un libro que me aterraba, llamado "Metamorfosis".


Tal vez cuando me encerraba en mi cuarto leyendo historias de niños gringos que venían en los Libros Selectos (de Selecciones) de mi papá.


O inició cuando las cronopias y yo leímos "Demian" y teníamos discusiones al respecto, sobre el mundo que se rompía, sobre el que empezábamos a construir.


Quizá fue en esa calle del centro, la mirada de un chico cruzando varias veces con la mía. Tal vez fue esa noche en el parque, mientras él me cantaba esa canción --"mariposas, mariposas, que emergieron de lo oscuro"--, cuando poco a poco la fui desmenuzando hasta hacerla tan mía, que ahora llevo dos mariposas en la espalda.


Tal vez fue cuando, asomada por la ventana de un segundo piso, veía a una mariposa volar sobre la basura y sentirme así, igualito...


No, quizá fue antes. Tal vez fue mientras miraba en el desierto el primer amanecer.

domingo, septiembre 30, 2007

La trapecista

La trapecista encarna el drama del amor y está siempre en manos del aire. La trapecista no comparte el estigma: ser de la tierra y regresar a la tierra. Vivir atados al polvo por la ley de la gravedad y por la pesadumbre del cuerpo. La trapecista actúa siempre con dos pero nunca se queda con ninguno. Se hunde y vuela en la noche en donde no hay red. Su cuerpo se hace vida ante la muerte. La trapecista es el deseo que se va, se halla al alcance de la mano y se escapa. Alta como una estrella en la desnudez, su arte de estar presente se llama ausencia.

José Emilio Pacheco

Rosario Castellanos:

Voy a matarme de trabajo, pero voy a ser escritora...

lunes, agosto 27, 2007

'Es una costumbre noble, ésa, partir'

Me encantó este fragemento de Cristina Rivera Garza (http://www.cristinariveragarza.blogspot.com) ¿será porque me recuerda a tiempos pasados (y futuros)?

Es una costumbre noble, ésa, partir. Y también es una costumbre brutal. Uno se acostumbra a elevar la mano y a borrar, en ese cauteloso movimiento oscilatorio, lo que queda atrás. Uno olvida, siempre con método. El gajo que desbarata la completad de la mandarina. El puño que se convierte en cinco dedos. La pieza que, por ausente, obliga a la imperfección de las máquinas o la que, por no estar ahí, contribuye al fluir de las aguas. Uno jura. Uno ve el paisaje al otro lado de la ventanilla y descubre, entonces, qué es exactamente el verbo extrañar, el sustantivo nostalgia, el subjuntivo si hubiera, el futuro del condicional. Después, en el anonimato del otro lugar, uno prevarica. Uno inventa un origen y un pasado y, si se puede, lo que vendrá. Luego sólo queda el arrebato que provoca a veces esa corteza, aquella montaña, ese pedazo de ciudad, esta luz.

jueves, mayo 03, 2007

...

No, no quiero consuelo, ni olvido, ni
esperanza.

Quiero valor para permanecer,
para no traicionar lo nuestro: el día
presente y esta luz con que se mira entero.

de 'Lívida Luz', Rosario Castellanos

sábado, febrero 17, 2007

Palabras de la griega

No me guardes en tu imaginación.
No me pienses.
Tus ojos están llenos de espléndida ponzoña.
No me mires.
Que mi saliva te inunde la garganta.
No me asfixies.
Deja de agusanar mi mente confundida.
No me pudras.
Guarda mis incisivos en una caja de plata
pero no te arrodilles ante sus resplandores.
No me reces.
Que mis ropajes no sirvan de velamen
a los navíos sin patria.
No me rasgues.
Que mis coágulos no vivan en tus uñas
ni en los nudillos que derriban templos.
No me maldigas.
En la herida la sal halle su suerte.

Francisco Hernández

jueves, enero 25, 2007

El amenazado

Es el amor. Tendré que ocultarme o huir. Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.

La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de los muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?

Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo. Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.

Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo. Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.

Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar. Ya los ejércitos me cercan las hordas. (Esta habitación es irreal, ella no la ha visto). El nombre de una mujer me delata. Me duele una mujer en todo el cuerpo.

Jorge Luis Borges

viernes, enero 05, 2007

'enfermo de delicia'

Mi mal difiere de todos los males; gozo con él, mi
mal es lo que quiero y mi dolor es mi salud. No sé
por qué me quejo puesto que mi mal viene de mi
voluntad; es mi querer el que se convierte en mi
mal; pero tanto contento me produce este querer
que sufro con agrado, y tanta alegría me da mi do-
lor que estoy enfermo de delicia.

Chrétien de Troyes

lunes, diciembre 11, 2006

Enigma de la deseosa

Muchacha imperfecta busca hombre imperfecto
de 32, exige lectura de Ovidio,
ofrece: a) dos pechos de paloma,
b) toda su piel liviana
para los besos, c) mirada
verde para desafiar el infortunio
de las tormentas;
no va a las casas
ni tiene teléfono, acepta
imantación por pensamiento. No es Venus;
tiene la voracidad de Venus.

Gonzalo Rojas

domingo, diciembre 10, 2006

.

'A partir de cierto punto no hay retorno. Este es el punto que hay que alcanzar.'
Franz Kafka

jueves, noviembre 23, 2006

Preguntas

Ya que navegas por mi sangre
y conoces mis límites,
y me despiertas en la mitad del día
para acostarme en tu recuerdo
y eres furia de mi paciencia para mí,
dime qué diablos hago,
por qué te necesito,
quien eres, muda, sola, recorriéndome,
razón de mi pasión,
por qué quiero llenarte solamente de mí,
y abarcarte, acabarte, mezclarme en tus huesitos
y eres única patria
contra las bestias del olvido.

Juan Gelman

viernes, octubre 27, 2006

Destruyendo fantasmas

Hace poco protagonicé un duelo de poesía. Yo iba bien armada con mis inseparables Pablo Neruda y Rosario Castellanos, la más poderosa de mis armas era “Elegías del amado fantasma” y ese poema de Neruda que les gusta a todos los hombres: “El inconstante“ (si quieren saber de qué hablo, sólo léanlo. A mi me gusta la primera parte).

La guerra terminó en empate y a mi me quedó la satisfacción de poderme acercar a la Castellanos sin miedo, sin que sus versos me duelan demasiado, sin mirarme en su espejo, sin imaginar un futuro igual de funesto. Ahora puedo encontrar alegres sus versos y ver los colores que se esconden tras un aparente duelo...

En honor a eso, les regalo este poema (uno de mis favoritos), ojalá les guste.

Tercera elegia
De elegias del amado fantasma
I
Como la cera blanda, consumida
por una llama pálida, mis días
se consumen ardiendo en tu recuerdo.
Apenas iluminas el túnel de silencio
y el espanto impreciso
hacia el que paso a paso voy entrando.
Algo vibra en mi ser que aún protesta
contra el alud de olvido
que arrastra en pos de sí a todas las cosas.
¡Ah, si pudiera entonces crecer y levantarme,
alumbrar como lámpara
alimentada de tu vivo aceite
en una hoguera poderosa y clara!
Pero ya nada alcanza a rescatarme
de la tristeza inerte que me apaga.
Grandes espacios ciernen finas nieblas
entre tu rostro y los que aquí te borran.
Tu voz es casi un eco
y lejos resplandece tu mirada.
II
Como queriendo sorprender tu ausencia
desnuda, abro las puertas de improviso
y acecho las ventanas entornadas.
Encuentro las estancias desiertas y sombrías
donde el vacío congela sus perfiles
ciñéndose a la linea de tu cuerpo.
Es como una profunda y simple copa
para beber la integridad del llanto.
III
Tal vez no estés aquí dominando mis ojos,
dirigiendo mi sangre, trabajando en mis células,
galvanizando un pulso de tinieblas.
Tal vez no sea mi pecho la cripta que te guarda.
Pero yo no sería si no fuera
este castillo en ruinas que ronda tu fantasma.

P.d. Por cierto, la banda de la Escuela de Letras, va hacer el altar de muertos en su honor, así que no se lo pierdan ¡Bien por ellos!