viernes, enero 23, 2009
Nuevo miembro de la familia
Publicadas por Cyn a la/s 3:42 p.m. 2 comentarios
sábado, enero 10, 2009
Confesiones cotidianas
8:00 Es tarde. Tengo un desayuno de trabajo. Lo olvidé. Un baño rápido y subo al carro casi corriendo.
8:40 Aprovecho el semáforo para maquillarme un poco (mi papá odia que haga eso). Avanzo sin pensar. No pongo música, dejo las noticias pero no escucho nada.
9:00 Desayuno. Platicas aquí y allá, algunas risas. El jefe habla y no recuerdo lo que dijo.
10:30 Hay que ir a la imprenta a dejar la nueva revista. Camino con mi amigo, el guitarrista, hablamos y hablamos. En la imprenta: volver más tarde.
11:00 Es temprano, puedo aprovechar para ir rápido al super. También hay que comer.
11:40 Llego al periódico. Los saludos de rutina. Abro las páginas de siempre. Mi correo, aunque nunca hay novedades. Pongo música. Qué lento está el Internet. Paso la vista por la página... veo su nombre, después de tanto. Su nombre. Dudo un poco, abro el correo, mis ojos se deslizan por las letras. Me quedo pasmada. Me quito los lentes. Me froto los ojos. Saco un cigarro y tiemblo. Salgo apresurada de ahí. Era la carta "donde el olvido me nombra su heredera", la carta que esperar sin hacerlo, que dice nada, unas cuantas palabras para calmar la culpa. Habla de recuerdos que no se van a borrar, de disculpas. De amor nada, esa palabra se esfumó hace meses.
12:00 Hablo con Jesé y me calmo un poco. Trato de no pensar, leo y releo el correo, es todo y nada. El día transcurre rápido y yo me hundo en el trabajo como siempre.
5:00 Salgo por fin. Llego a casa de mis padres, lo busco en la computadora sin querer.
5:30 Salimos rápido de casa. Mi hermano maneja. Se descompone el coche y yo trato de mantener la calma. Regreso a casa en taxi y el chofer me habla de esperanza, de ponerle la mejor cara a la vida y yo no digo nada aunque me siento un poco iluminada. Esas cosas suelen pasarme a mi.
7:00 Llego a casa. No hay nadie, es normal. Pongo música, prendo un cigarro y me recuesto en la cama. Mis pensamientos saltan de un lado a otro. La noticia de ayer. El correo de hoy. Luego llega su imagen, más clara que nunca (porque hace días que no lo sueño). Lo veo y me veo a mí. Veo como me abraza por la espalada y me besa. Mi piel se estremece. Por más que intento no pienso en otra cosa. Me abraza en todos los lugares, en la cascada, en su habitación, en la calle, en ciudades desconocidas. Me abraza en todos los tiempos. Vuelvo a sentir aquel bienestar ("la esperanza que me dio tu amor", escucho).
8:00 Llega mi roomie. Le cuento. "No sé que decirte", ni yo sé qué decirme. No logro entender las cosas y pienso que algo bueno sigue, que son formas de cerrar mis círculos (yo y mi filosofía barata). Abro una botella de tinto y me sirvo una copa.
8:30 Ordeno un poco mi recámara. No quiero pensar. Ahora escribo y sigo sin entender. Cierro los ojos. Fumo. Quiero que el tiempo transcurra rápido y decir -como siempre- "Fue bueno que pasara porque eso me enseñó que..." Pero hoy no puedo. No lo entiendo y me duele.
9:30 Me preparo para dormir. Tengo la certeza de que mañana se irá rápido y los días que le siguen. Haré cosas. Presentaré la revista. Me iré de viaje en mi cumpleaños y tal vez siga sin entender, hasta que un día alguien llegue de súbito y traiga de vuelta la esperanza. El pasado ya no va importar y yo podré decir "Que bueno que pasó aquello porque todos esos caminos me trajeron hasta ti".
5 de enero
Publicadas por Cyn a la/s 6:23 p.m. 5 comentarios
Etiquetas: Por el gusto de escribir
martes, diciembre 30, 2008
Recuento 2008: saldo positivo
Esto de hacer balances y recuentos era antes una actividad casi de autotortura, pero desde hace un par de años se convirtió (como debe ser) en un momento de reflexión y de regocijo. Sobre todo porque me doy cuenta de mi crecimiento personal, de que todas las personas y los acontecimientos traen siempre consigo un gran aprendizaje.
Este año fue particularmente extraño y bueno. Hubo de todo: logros, romance, nuevos amigos, temblores, viajes, trabajo, reconciliaciones y despedidas.
Muchos proyectos encontraron en el 2008 su consolidación, sobre todo en lo laboral, y otros tantos serán heredados al año que está por comenzar.
Me quedo con muchas cosas que me dan fortalece para lo que viene, por ejemplo:
-Los recuerdos de un amor que no terminó bien, pero "fue bueno mientras duró".
-Con la amistad de APV un hombre al que admiro y quiero muchísimo.
-La certeza de que las personas no se van definitivamente, siempre queda algo por lo cual regresar.
-Que la vida está hecha de ciclos que tarde o temprano se cierran.
-La honestidad, un valor fundamental para cualquier tipo de relación.
-Este año me dejó muy buenas nuevas amistades, pero también me confirmó la importancia de ciertas personas que siempre han estado ahí. Su presencia en mi vida me ha salvado de más de un desconsuelo.
-Que lo mejor de una relación que termina es la satisfacción de haberlo dado todo, sin miedo y sin reservas.
-Que las alas a veces son sobrepuestas y no es difícil irnos con la finta de que alguien realmente sabe volar.
-Que todas las cosas llegan a su tiempo. Vivir sola y compartir esa experiencia con tres grandes personas me ha obligado a crecer en todos los sentidos.
-Que muchas de las cosas llegan de súbito, pero cuando son parte de un proceso te permite ir valorando cada paso (y no hacer tantas locuras).
-Siempre hay pretextos para viajar y cada lugar deja un aprendizaje. Xalapa, Villahermosa y Ciudad Juárez fueron los viajes de este año. En Xalapa cerré un círculo, en Tabasco viví una historia de amor y en Juárez descubrí el miedo.
-En los asuntos familiares, nada como ser un testigo con voto de calidad.
Entre tantas cosas también fue un año de altos vuelos, de crecimiento, de autoconocimiento, de retos, descubrimientos, de amor propio. Hoy, en el umbral del fin de año, espero el 2009 de frente, sin ocultarme detrás de nada, sin melodramas, sin estarme doliendo de ninguna herida. Espero el próximo año con una sonrisa, con toda las ganas y con toda la esperanza de que si el 2008 fue bueno, el que vine será mejor.
Publicadas por Cyn a la/s 4:20 p.m. 7 comentarios
Etiquetas: fin de año, Por el gusto de escribir
martes, diciembre 02, 2008
Blues
Más sal a la herida. Aquí un poeta de Villahermosa ¿casualidad? No, total premeditación, alevosía y ventaja...
Blues
No era necesaria una nueva acometida de la soledad
para que lo supiera.
Navegaba la mar por un rumbo desconocido para mis manos.
Donde el amor moró y tuvo reino
queda ya sólo un muro que avasalla la hierba.
Queda una hoja de papel no en blanco
donde está anocheciendo.
Donde goteaba luceros una noche
sobre unos hombros limpios como verdad mostrada,
sólo queda una brisa sin destino.
Donde una mujer fundara un beso,
sólo árboles postrados al invierno.
Y no era necesario decirlo.
El corazón sin que sea una lágrima
puede sombrear las mejillas.
La ventana da a la tristeza.
Apoyo los codos en el pasado y, sin mirar, tu ausencia
me penetra en el pecho para lamer mi corazón.
El aire es una mano que está hojeando mi frente.
Mi frente donde la luna es una inscripción,
una voz esculpiendo su olvido.
Como humo la luna se levanta
de entre las ruinas del atardecer.
Es muy temprano en ese azul sin rostro.
No era necesario enturbiar la soledad
con el polvo de un beso disuelto.
No era necesariomemorizar la noche en una lágrima.
Labios sobrecogidos de olvido,
pulsaciones de un oleaje de mar ya retirándose,
ruido de nobes que el otoño piensa.
Hay lápices en forma de tiempo, vasos de agua
donde el anochecer flota en silencio.
Hay una rama de árbol como un brazo esculpido
por algún abandono.
Hay miradas y cartas donde la noche
puso en marcha al vacío,
a las frentes que extinguen su remoto color
sobre letras que enlazan señales de viaje.
Aquí está la tarde.
Puede enrolarse en ella quien esté enamorado.
Aquí está la tarde para designar una ausencia.
Suena en mi pecho el mundo
como un árbol ganado por el viento.
No era necesaria la tarde, tampoco este cigarro cuyo humo
puede ser otra mano evaporándose.
Invernará la noche en mi pecho.
No era necesario saberlo.
No tiene importancia.
Espero una carta todavía no escrita
donde el olvido me nombre su heredero.
José Carlos Becerra
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Etiquetas: Ecos
lunes, noviembre 24, 2008
sábado, octubre 25, 2008
Mudanza I
He decidido mudar también de corazón y acampar de forma indefinida sólo en el mío. No se puede vivir así, no se le puede escribir sólo al viento, a alguien que mete las palabras en una botella y las lanza al mar.
Es difícil --siempre lo ha sido-- terminar de escribir la carta que siempre quise empezar. No se puede vivir de añoranza y de recuerdos, no se puede imaginar en lugar de vivir.
Es hora de reencontrarme con mi desierto y dejar de soñar con el mar.
Publicadas por Cyn a la/s 4:07 p.m. 8 comentarios
lunes, octubre 20, 2008
'Algún día...'
Hoy. Un día extraño. Con muchas certezas, pero también muchas dudas. Una nueva yo a la que a veces se le aparecen los mismos fantasmas, de muchos se despide, pero a otros los deja permanecer. Un día extraño hoy. Me robé este fragmento de poema del blog de la srita. Melancolía (es de Gioconda Belli) y lo pongo aquí porque me dieron ganas de gritar que "algún día mis ojos encenderán luciérnagas":
Si.
Es verdad que a ratos estoy triste
y salgo a los caminos,
suelta como mi pelo,
y lloro por las cosas más dulces y más tiernas
y atesoro recuerdos
brotando entre mis huesos
y soy una infinita espiral que se retuerce
entre lunas y soles,
avanzando en los días,
desenrollando el tiempo
con miedo o desparpajo,
desenvainando estrellas
para subir más alto, más arriba,
dándole caza al aire,
gozándome en el ser que me sustenta,
en la eterna marea de flujos y reflujos
que mueve el universo
y que impulsa los giros redondos de la tierra.
Soy la mujer que piensa.
Algún día
mis ojos
encenderán luciérnagas.
Publicadas por Cyn a la/s 1:38 p.m. 1 comentarios
domingo, octubre 12, 2008
Detrás de la puerta
Recuerdas, abuelo, cuando me esperabas afuera de esa puerta roja, en el 317. Yo tenía cuatro años, corría apresurada desde la esquina y te veía ahí, detrás de ese barandal escarlata, sentado en tu vieja silla de madera. Yo te enseñaba mi muñeca favorita, repetía muchas veces su nombre y tú sonreías. Yo, en un reflejo extraño, siempre que veía tus pies descubría una nueva herida. Me explicabas que te habías cortado con una rama, mientras labrabas la tierra. Corría aterrorizada, buscaba gasas y alcohol, te curaba torpemente porque no soportaba verte herido. Tú te limitabas a mirarme, no hablabas, volvías a sonreír. Yo me esmeraba en dejarte limpios esos dedos ásperos que se asomaban por los huaraches que tú mismo hacías. Luego volvía a tu regazo, tomaba mi muñeca y te preguntaba cosas que no sabías responder. Al fondo de la casa una voz venía de tu vieja radio y oíamos sin escuchar, "qué era eso de morir, por qué decían que una familia murió en un accidente", tú decías que era porque se habían ido a un lugar y que no iban a regresar. Yo no entendía nada, abuelo, y seguía peinando mi muñeca y te repetía otra vez su nombre. Cómo iba a saber yo que, años más tarde, tú me enseñarías lo que era la muerte, ese día de noviembre en que todos lloraban detrás del barandal rojo. Llegué corriendo, como siempre, y no estabas más en tu silla de madera. Ahora estabas acostado en una caja extraña. Te miraba y parecía que sonreías, pero tú ya no me mirabas más. Ese día te fuiste, abuelo, y ya no ibas a regresar. A veces vuelvo a esa casa, pero la puerta ahora está cerrada, ya no estás más detrás de ese barandal y a mi todavía me parece escuchar la radio al final del pasillo y tu paso lento y pausado y el sonido de tu bastón, pero son sólo ecos, abuelo, y alguien ha pintado un número en la pared "129 50 01" y un día de estos ya no podré volver, abuelo. Porque el día en que moriste no pude curar tus heridas, estabas intacto, la herida esta vez era interna, yo no podía curarla. Por qué te fuiste, abuelo, y dejas que esta casa se vaya contigo, al lugar ese, del que no van a volver...
(un texto del año pasado para a un libro de Puertas de Monclova que quien sabe dónde quedó)
Publicadas por Cyn a la/s 8:43 a.m. 3 comentarios
Etiquetas: Puertas