lunes, julio 30, 2007

Cambio...


y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido
Rubén Bonifaz Nuño

los fugitivos del deber
cogen su maldición y se la beben
Joaquín Sabina

un helado por una taza de café.
un antro por una mesa, amigos alrededor y botella al centro.
la canción que suena en la radio por una pieza de jazz.
un hotel de cinco estrellas por una noche de luna llena en el mar.
una ciudad por un pueblo.
una blusa de marca por un libro.
dejar la mitad de mi en el camino por llegar renovada.
el bullicio por la soledad.
la tranquilidad por el desasosiego.
lo posible por lo imposible.
la realidad por los sueños.
una multitud de amigos por unos pocos sinceros.
ser Fama por ser Cronopio.
la necedad por la sensatez.
mi pasado por el futuro.

jueves, julio 05, 2007

Mis recuerdos son vagabundos (ii)

Por una extraña razón me encontré leyendo algunos viejos mails (los recuerdos, siempre los recuerdos), son de mi segunda etapa en Xalapa, no tenía ganas de escribir en el blog, así que escribía colectivamente a cuatro amigas muy especiales, todas tan diferentes, pero todas importantes.

Mis correos y sus respuesta me han puesto a pensar: a una de ellas casi le he perdido la pista, la he visto unas cuatro veces en el año; con otra de ellas apenas empiezo a reestablecer la comunicación; a la tercera también la he visto muy poco, algunas salidas, algunos cafés; la última ha sido la menos accidentada.

Me he puesto melancólica y un tanto enojada conmigo, con mi poca disposición para mantener algo que era importante, algo que sigue siendo importante, porque pese a los dolores, a los errores, no deja de importarme lo que les pasa. Me sigo preguntando cómo están, aunque no lo demuestre, me sigo preocupando por ellas y, silenciosamente, me duelen sus dolores.
Me acuerdo de las charlas de café y vuelvo a la pregunta milenaria ¿qué significa para mí la amistad?, ¿será cierto que la amistad puede superar y olvidar y no morir?

Luego pienso en las personas importantes que se quedaron en el pasado, en amistades que me hubiera gustado mantener, en que es demasiado tarde. Pienso en los amigos que siguen, aunque la comunicación no pueda ser constante, pienso en los que se van a ir, en lo mucho que los voy a extrañar.

Pienso en personas, en recuerdos, en madrugadas, amanecer en el mar, noches de luna llena, de estrellas, pienso en canciones, en poemas, en libros. Aprieto los recuerdos y me quedó con las ganas de decir: ojalá todo fuera como antes.

miércoles, junio 27, 2007

Recuerdas cuando...

A mi amiga May, por su graduación

Recuerdas cuando nos conocimos, nos topamos un par de ocasiones en eventos organizados por nuestras escuelas, pero la primera vez debió ser un debate que, recuerdo bien, se llevó a cabo en mi escuela, mis compañeros y yo nos quejábamos porque hablabas, hablabas y nunca nos dejaste participar.

Recuerdas que un día pasabas por mi casa con tus amigas, yo salí a decirles adiós y decidieron quedarse toda la tarde en mi casa. Intercambiábamos correspondencia con niños te nuestras respectivas escuelas y nosotras éramos el cartero. Era una época difícil para mí, ¿te acuerdas? a mis escasos 12 años me enfrentaba, por primera vez, con el significado real de la amistad. Así empezó todo. El grupo de chicas que venían a visitarme se redujo hasta que sólo quedaste tú. Y luego entramos a secundaria, estábamos en grupos diferentes, pero nos veíamos todos los días en el mismo taller.

Recuerdas que una vez nos llevaron a las dos a Cuatrociénegas a un foro de Seguridad Escolar. Te acuerdas que estábamos juntas en declamación de poesía, en obras de teatro, en debates de todos los temas posibles y en bailables. Recuerdas los recesos interminables en la prefectura, recuerdas nuestras complicidades, nuestras sonrisas, nuestros llantos.

Te acuerdas de que siempre nos gustaban los dos chicos que eran los mejores amigos. Recuerdas que cuando terminé con mi primer novio me puse a llorar encerrada en un salón y tú estuviste conmigo. Recuerdas todos nuestros cumpleaños.

Recuerdas todas las veces que, encerradas en mi recámara, escuchábamos música a todo volumen y soñábamos. Recuerdas la vez que intentamos hacer un programa de radio. Yo siempre quise estudiar Comunicación, tú siempre soñaste ser Contadora.

Recuerdas nuestro último día en la escuela. Recuerdas que nos sentamos a verlo todo, desde arriba, que nos grabamos cada uno de los rincones, de los recuerdos. Era la primera etapa que concluíamos juntas, sin saber que habría muchas más y que volveríamos a tener esa conversación otras veces: cuando la Preparatoria, cuando la Universidad.

Me acuerdo cuánto te extrañé en la graduación, tu abuela murió un día antes, te dolió tanto, no estuviste ahí, pero yo pensé en ti todo el tiempo, porque las palabras de despedida que escribí para esa noche, habían sido pensadas en ti.

Recuerdas la primera vez que sentimos la muerte, cuando un muchacho de tu salón murió y nos pasamos la tarde entera llorando y cantando una canción de Mónica Naranjo.

Recuerdas las noches en vela, los cigarros a escondidas en el techo de mi casa. Recuerdas las cuatro paredes de mi recámara que vieron cómo nuestras charlas iban cambiando y cómo siempre estábamos preguntándonos cosas. Recuerdas que fui testigo de esa forma tan rápida y triste de madurar, te acuerdas cuánto sufrí contigo.

Han pasado once años, amiga, durante todo este tiempo he visto tus triunfos y tus derrotas, tus alegrías, tus tristezas, tus desilusiones y tu gran capacidad para levantarte y dejarlo todo atrás, tu a veces frialdad ante la vida, pero también tú pasión (aunque a veces quieras ocultarla). Todavía hay tiempo para bajar a sentir: el viento en la cara, la lluvia en el cuerpo, la tierra en los pies, la piel en las manos, los sonidos, los olores, los sabores, la vida se compone de tantas cosas.

Ayer, mientras te escucha hablar, mientras sentía tanto desencanto pensé que la respuesta estaba en el pasado, en recordar los sueños que sin querer (o queriendo) perdiste...

martes, mayo 29, 2007

Cinco cosas que me obsesionan del café:

1. La cantidad exacta de azúcar y su perfecta dilución.

2. Que no esté fresco.

3. Que no tenga la cantidad precisa de lecha o crema y adquiera un extraño color entre verde y café.

4. Los residuos que se quedan en el fondo de la taza (a algunas personas les sirve para leer el destino, pero a mi no me sirve para nada).

5. Poder dejar de tomar después de la tercera taza.

lunes, mayo 28, 2007

Entre fantasmas

Sin querer, quizá, lo elegido todo así. He decidido vivir entre fantasmas que vienen a susurrarme sus historias al oído. He decidido vivir entre recuerdos, entre nombres tallados en una cripta, entre actas de defunciones, en la mente de una niña que vive en un pueblo en medio del desierto y que todo le impresiona.

He decidido vivir entre los cabellos blancos de mi abuela (cada uno contiene una historia), entre las pisadas de la gente en las calles (imaginando su destino), entre sonidos de ferrocarril y las cruces que enmarcan su camino.

Pero también decidí vivir entre otros fantasmas, entre nombres que desconozco, entre personas que se ocultan tras un anonimato que nunca entenderé, entre palabras que no voy a descubrir, entre historias que nunca conoceré completas, entre cariños incomprendidos, entre pasados que lastiman, entre apariciones furtivas, entre extrañas compañías, entre complicidades, entre las miradas que lo ven desde no sé qué distancia, entre nombres que me son familiares y que no.

He decidido vivir entre fantasmas y vivo, quizá, gracias a ellos...

miércoles, mayo 16, 2007

Buscando muertos

Empieza la época de más calor en el año, todavía es primavera y la temperatura asciende ya a los 40°, imposible salir así, aguardo en mi casa mientras el sol baja un poco y alrededor de las siete empiezo mis visitas.

En mi lista se encuentran parientes lejanos, tíos, abuelos, conocidos de mis amigos, todos los que tengan algo que decir, aunque sea una aportación pequeña, incluso la “no información” es motivo de atención, ayer lo comprobé, los fantasmas sólo han sido vistos al sur de la ciudad, al norte nada.

Visito archivos, las palabras se convierten sólo en eso, no hay gran diferencia entre “choque hipovolémico” o “traumatismo craneoencefálico”, ambas muertes me interesa porque se relacionan contres circunstancias: choque, atropellamiento por coche o por el tren.

Una vez ubicada la fecha, me dirijo al archivo a buscar la nota. El 40 por ciento de esas muertes efectivamente fueron causadas por el ferrocarril. Localizo parientes, conocidos, pregunto, caras que miran al suelo, no quieren recordar.

No importa los años que hayan pasado, nadie ha cuestionado, a nadie le quedó dudas, nadie se preguntó, “A los muertos hay que dejarlos en paz”, y siguieron esa eterna procesión de la Iglesia al panteón, bajo la mirada de todos los habitantes que se unían despacio, uno a uno, a las filas…

Mis tías, cuando les pregunto, ya sólo me saben decir: “ay hija, otra vez buscando muertos”. Recorro sus tumbas, recorro sus cruces, buscando una razón, una pista, una respuesta, algo en común, un hilo que me permita unir las piezas, unir cada una de esas cruces que adornan las vías del ferrocarril, bajo cuyo recuerdo se oculta mi infancia.

En mi habitación: notas, fotografías, fechas, nombres, números, edades, parece que nada coincide.

Pienso que si Martha Veliz viviera las cosas serían más fáciles, que tal vez con su ayuda… pero ya no está, me puso en el camino que ahora tengo que recorrer sola. Sigo hojeando notas periodísticas: un hombre bocabajo descansa sobre un charco de sangre, un montón de ropa en la que antes hubo alguien.

Nombres, fechas, lugares, edades, cruces, sonidos estridentes, ecos…

Continuará…

jueves, mayo 10, 2007

'Viajar, perder países' en homines.com

domingo, mayo 06, 2007

"Porque éramos amigos..."


Después de dos años de perdernos, encontrarnos y volvernos aprender, entendí que lo mejor es la ausencia, el silencio, vernos desde lejos para confirmar que estamos bien, guardar los recuerdos en una caja de cristal, de la que podemos hacer uso sin necesidad de abrirla, esparciendo su contenido por toda la casa (el presente).

Dar por terminado aquél juego de ajedrez, dejar de aniquilarnos. No más jaque mate, sólo la ausencia, la distancia, el silencio...


AJEDREZ

Porque éramos amigos y, a ratos, nos amábamos;
quizá para añadir otro interés
a los muchos que ya nos obligaban
decidimos jugar juegos de inteligencia.

Pusimos un tablero enfrente de nosotros:
equitativo en piezas, en valores,
en posibilidad de movimientos.

Aprendimos las reglas, les juramos respeto
y empezó la partida.

Henos aquí hace un siglo, sentados, meditando
encarnizadamente
cómo dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable y, para siempre
, al otro.



Rosario Castellanos